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jueves, 25 de noviembre de 2010

¿A lo latino o a lo sueco?

El fin de semana pasado fui a mi primera fiesta rosada. La quinceañera es hija de una pareja ecuatoriana que llevan muchos años en Suecia, el padre es amigo lejano de mi novio. Fue una fiesta bonita y para mi una experiencia muy interesante, ya que en Suecia no existe esta tradición.

Supongo que no necesito explicar que se hace en una fiesta rosada, ustedes saben más que yo sobre este tema. El vestido rosado, el ramo de flores, la liga… Cuando era hora de comer, el anfitrón nos pasó un plato de comida, y luego regresó con cara de avergonzado, preguntándonos si nos habíamos llenado. Mi novio sí le aceptó un poco más de comida, mientras yo le dije lo que pensaba: que me parecía una porción normal de comida, que estaba muy rica pero que estaba llena.


Regresando de la fiesta me puse a pensar en las diferencias entre las fiestas suecas y las fiestas ecuatorianas, tema que sí me ha llamado la atención antes. Pero ahora por un motivo más especial. Estamos pensando bautizarle a nuestra hija, y naturalmente queremos invitar tanto familiares y amigos suecos como ecuatorianos. Presiento que si hacemos una fiesta tipo sueca, los latinos dirán “¿qués pués? ¿y el baile? ¿y la comida?”, mientras si la hacemos tipo latina, la mayoría de suecos se sentirán incómodos y dirán “¡no, gracias!” al vino/baile/cangil.


Para los de mis lectores que no conocen Suecia haré una pequeña lista de las diferencias entre las fiestas suecas y latinas, aunque reconozco humildemente que no soy experta en fiestas latinas.


Típico de Ecuador (o las fiestas ecuatorianas en Suecia):

- Sillas al rededor de la sala para que se sientan los invitados, pista de bailar en el medio.
En Suecia son más comunes las mesas y menos comunes las pistas de baile.


- Una mesa con platos de cangíl, dulces, papitas, caramelos y EL PASTEL.
Luego de un rato los anfitrones empiezan a circular con los platos, bríndandoles a los invitados.
La mesa de "snacks" no es tan incomún en Suecia, pero cada uno se coje lo que quiere sin esperar al anfitrón – el pastel excluído.


- Palabras - de la mamá, el "disque" papá (así dijo en la fiesta donde me fui...), la cumpleañera, las amigas...

Los "discursos" sólo se dan en fiestas muy formales en Suecia, y entonces suelen ser preparados antes, no improvisados en el momento.


- Los regalos, por lo general, no se abren en la fiesta.

En Suecia pones todos los regalos en una mesa y después de un rato los invitados empiezan a decir ”que abre los regalos”, y el cumpleañero se pone a abrir los regalos, agradiciendo a los donadores.


- Vino, que el anfitrón anda brindando en una copa, la misma para todos.

Si se toma vino en una fiesta sueca (no se hace siempre), es en un vaso para cada uno. Pero la diferencia más grande es que aquí, si es una fiesta no tan formal, es mucho más común que cada uno viene trayendo lo que va a tomar. El alcohol es muy caro en Suecia... En cambio, en matrimonios u otras fiestas con cena formal, los anfitrones compran el alcohol.


- Música a todo volumen y baile.

En Suecia hay fiestas con música – a todo volumen – y fiestas sin música, pero casi todas las fiestas son sin baile. En vez de bailar, la gente está paradita en grupos, tomando su cerveza o vino, conversando (o, si está mucho volumen, diciendo, “¿qué?” y “¿cómo?”…).


- Más noche comida, casi siempre algo con arroz, servido por el anfitrón o la anfitrona, a lo mejor con la ayuda de algún amigo, para cada uno en platos desechables.

En Suecia hay fiestas con cena formal, fiestas con buffé, fiestas sin comida pero con ”snacks” o fiestas con fika. Fika es café o te con pastel, rollos de canela, galletas, etc. Por el hecho de que no hay un “estándard” como en las fiestas ecuatorianas (de siempre dar de comer), es común que se especifica en la invitación qué tipo de fiesta es, por ejemplo: “El sábado les invitamos a festejar mi cumpleaños. Están bienvenidos a partir de las dos y servirémos pastel y café.” Así todos saben que es mejor venir comiendo ya que en la fiesta no habrá comida.


- A lo que uno se va, hay que despedirse de cada uno de los invitados.

En Suecia es suficiente señalar imprecisamente con la mano a los demás, diciendo, "hejdå" (adiós).


- Si es un matrimonio, un bautizo o una graduación, cuando te vas los anfitrones te regalan un recuerdo.
En Suecia, no hay recuerdos, pero si es una fiesta un poco más formal (como matrimonio, bautizo, etc) los anfitrones después de la fiesta les manda una tarjeta a cada uno de los invitados (o a cada familia invitada) con un agredicimento por haber venido.
Algunos imprimen una foto de la fiesta o de los regalos que han recibido, y mandan eso como tarjeta de agradecimiento.

Cuando haces un bautizo en Suecia, luego de la ceremonia en la iglesia es costumbre invitar a tomar café y pastel en “församlingshemmet”, un local que queda al lado de la iglesia. Comida es posible, dependiendo de la hora, pero vino y baile, eso sí sería un poco raro en un bautizo sueco.


Ahora, ¿cómo hacemos un bautizo que les guste tanto a los latinos como a los suecos?

jueves, 17 de diciembre de 2009

Llegué

Vine hace una semana. Hace sol, hace calor, no llueve por nada, me siento feliz por estar allí pero también hay muchas cosas que me dan tristeza, y, para ser sincera, otras más que me dan rabia.

Fuimos a Manta a visitarle a una prima de mi querido latino, regresamos a Quito hace cuatro días. A pesar de los días nublados me quemé la espalda, pero sólo la mitad, no sé cómo lo logré, ahora me pica y está pelándose.

En Estocolmo tienen nieve ya, parece que tendrán una Navidad blanca por primera vez en bastantes años. No sé si debo o no extrañarlo, aquí como que no fuera Navidad, no porque falten propagandas navideñas y decoraciones, sino que no me cabe en la cabeza que puede ser Navidad sin frío, lucecitas en las ventanas, lussekatter y olor a glögg... Todo es costumbre, supongo.

Me siento abrumada, tantas cosas en tan poco tiempo. Hoy me senté a leer sus blogs, hay tanto que quisiera comentar pero hoy no me salen las palabras con facilidad. Tengo cosas que contar pero será otro día.

domingo, 6 de diciembre de 2009

En camino

Bueno, amigas y amigos, estoy ahora en Barajas, esperando el vuelo para Ecuador.

Hasta ahora no ha habido problemas, llegamos a Madrid con una hora de retraso, pero ya que tenía que esperar cinco horas aquí da lo mismo. He descubierto la desventaja de viajar sin reloj. En el avión no tenía idea de cuánto tiempo había pasado, y el vuelo parecía haber durado una eternidad. Y eso que son sólo cuatro horas (o bueno, cinco con el retraso). ¿Cómo serán 14?

Paso caminando para hacer circular la sangre antes de sentarme en el avión, ya me conozco todita esta parte del aeropuerto.

Esto de viajar sóla me está gustando.

La próxima vez que les escribo será desde mi Quito lindo.

Un beso.

lunes, 30 de noviembre de 2009

Viajes

Mi querido latino ya se fue hace dos semanas. Se adelantó para no perderse nada de las fiestas de Quito, yo le sigo dentro de una semana (el domingo me voy!). Le extraño mucho, pero ya sé que en poco tiempo estaremos juntos, y me llama o nos escribimos casi todos los días y eso me consuela un poco.

Hasta ahora el viaje no me ha dado nervios, pero seguro ya vendrán... El día antes de viajar a cualquier parte, sea donde sea, siempre me siento mal y me arrepiento de haberme metido en eso de viajar, pienso que estoy mejor en casa, que qúe voy a hacer allá, que seguro olvidé algo importante. Lo bueno ahora es que le tengo a él esperándome allá, creo que eso lo hará más fácil.

Ya veremos cómo me pongo en unos días más.

martes, 4 de agosto de 2009

Si Dios quiere

No, no me he desaparecido para siempre, sólo que ando ocupada y sin tranquilidad para sentarme a escribir.

El viaje a Grecia salió bien, no tuve la oportunidad de meterme al mar pero conocí mucha gente chevere y ahora sé un poquito más sobre el sistema de reciclaje (o la falta de sistema) en algunos países.

Esta semana trabajo en el barco otra vez. Se nota que ya es agosto, las noches son menos claras y cuando salgo del trabajo a las nueve o nueve y media de la noche el sol ya está por ponerse. Falta ver si me voy en bici hasta terminar la temporada o no (termino de trabajar el 23 de agosto y no me gusta mucho ir en bici en la oscuridad). También hay menos turistas que en julio. Vienen bastantes españoles y se alegran cuando se dan cuenta de que hablo castellano. Cuando preguntan cómo lo aprendí no sé qué contestar. Empecé a estudiar español en la escuela a los once años, luego del colegio fui a Granada a estudiarlo por tres meses, luego entré a la Universidad de Estocolmo, luego conocí a mi novio, luego nos fuimos a Ecuador por siete meses, luego estudié un poco más... Una historia demasiado larga para una pregunta tan corta. Hoy conversé un rato con un señor español y al salir del barco me preguntó cuanto tiempo llevo en Suecia, y cuando le dije que nací aquí, soy sueca, me miró con cara de incrédulo y como que pensaba "esta paisana más creída, apenas deja la patria y ya se cree sueca". ¿Será porqué no soy rubia?

Hace más de dos años mi novio y yo regresamos a Suecia de Ecuador, y la intención siempre ha sido que aúnque vivmos aquí iremos de vacaciones a Ecuador de vez en cuando (lo ideal sería irnos cada dos años, pero lo veo un poco difícil tanto económicamente como por nuestros trabajos y estudios). Sentíamos que ya era hora, y hablando y pensándolo bien decidimos irnos esta Navidad, y hace un par de días compramos los pasajes. Están carísimos (¿qué más se podía esperar?) pero sí nos alcanza y sí queremos ir, así que toca pagar no más. Debería estar contenta, y sí lo estoy, pero al mismo tiempo me siento nerviosa. Creo que tiene que ver con lo que nos pasó cuando íbamos a salir de Ecuador la última vez: por cuestiones de burocracia los policías del aeropuerto no nos dejaron subir al avión, perdimos el vuelo, pensábamos que nos tocaría comprar otro pasaje, nos dijeron que a lo mejor había otro vuelo en dos semanas y mi visa se caducaba en una semana... Por fin conseguimos que nos pusieran en un vuelo que salía tres días después, pagando una multa de unos 120 dolares. Parece una tontería tal vez, pero en el momento fue algo dramático y me duele el estómago sólo pensarlo, y creo que desde allí me quedé traumada con los viajes. Quiero tener todo bajo control, y no puedo. Pienso que pasará algo que nos impedirá ir, que me enfermaré, que llegaremos demasiado tarde al aeropuerto, que se quebrará la compañía aérea, que no sé qué... Y probablemente esos nervios se empeorarán mientras más se acerca el día. Mi pobre latino, en cambio, tiene miedo a volar, y está nervioso por eso. Creo que fuera capaz de irse a Ecuador en barco con tal de no tener que subirse a un avión.

Pero sí me da mucha ilusión ver mi querido Ecuador otra vez, caminar por las calles de Quito, sentir el sol y escuchar el idioma, ver a su familia, que ahora es mi familia también, ir a la costa y tomar uno que otro mojito en la playa, tomar agua de coco y jugos y comer encebollado con harto culantro... Extraño las panaderías y las fruterías, y me emociona mucho el estar con la familia otra vez (sí, ya lo dije, pero es importante así que vale mencionarlo dos veces... :)). ¡Qué ilusión! Pero por supersticiones todavía no me atrevo a decir "nos vamos" (eso no lo diré hasta que despegue el avión con nosotros adentro), mejor digo: nos vamos, si Dios y la compañía aérea quieren...

lunes, 16 de marzo de 2009

El sublime arte de saludar

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En Ecuador saludas, y te despides, dando la mano (entre hombres) o con un beso en la mejilla (mujer a hombre o mujer a mujer). Bueno, no soy experta, pero tengo entendido que la regla general es ésa.
En Suecia, en cambio, puedes (entre otras cosas): dar la mano, abrazar, besar en la mejilla (no tan común), señalar con la mano y sonreír mientras dices hej, hej! ('¡hola, hola!') o hejdå! ('¡chau!'), o, simplemente, mover la cabeza un poco y decir läget? ('¿qué tal?') o tja! ('¡chau!').

¿Parece confuso? Es más que eso, es todo una ciencia. Mi novio, la imagen viva de un hombre extrovertido, sociable, divertido y seguro, en más de una ocasión de encuentro social con amigos o familiares suecos, me ha mirado con algo de pánico en los ojos, susurrando desesperadamente mientras entramos a la casa/sala/café: "¿Y cómo saludo?" Yo, tratando rápidamente de analizar el ambiente, la gente presente, etc, le digo entre dientes (por ejemplo): "Ehh... di hej no más."

La cosa es que no hay reglas. Bueno, hay algunas obvias, como que: no se abraza a un extraño, al jefe, al profesor, o a la chica en el almacen donde compras tu ropa. Allí es nada de contacto físico, sólo dices hej, y ya. A lo mucho. Pero el problema es que hasta un hombre extraño se puede convertir en tu amigo. Ponte que es tu compañero en la Universidad. Primer día no hay problemas, saludan dándose la mano y se presentan con nombres y todo. El segundo día tampoco hay problema, entonces es con un hej y una sonrisa. Pero lentamente, el hombre se está convirtiendo en tu mejor amigo... Y un día, o más bien una noche después de un examen, llegas a la fiesta organizada por el mismo hombre, vienes en tu mejor ropa y con zapatos de taco, tu pana abre la puerta y como que la ocasión requiere un saludo un poco más cordial, así que le das un abrazo amistoso. Si interpretaste bien la situación no pasa nada, te da un abrazo y todo está muy bien.

Sólo que al día siguiente, en la Universidad, con tus aburridos zapatos de siempre, no sabes bien cómo saludar. Ya pasaron a ser panas, pero ese abrazo que se sintió tan relajado y natural ayer, hoy te parece menos tentador. Se acercan lentamente sin saber cómo hacer... Y está situación está como hecha para ofrecer momentos de vergüenza, malentendidos, gestos raros y humillación total (si por ejemplo tratas de abrazarle mientras él te saluda señalando con la mano. Sí. Me ha pasado.).

Es que tienes que tener feeling, tienes que sentir como los sutiles cambios de relaciónes, ambientes y situaciónes te dicen cuando es momento de abrazar, y cuando un pequeño movimiento de la cabeza es lo más adecuado.

Es díficil, y cúantas veces no he metido la pata... Y eso que nací aquí, llevo 24 años practicando, imagínense como es para la gente como mi novio, que vino de grande.

Así que a veces siento que me gustaría tener un sistema un poco más estable. Dar la mano. Un beso en la mejilla (bueno, eso no me gusta tanto, pero por lo menos es más predecible que la costumbre sueca).

Mi novio, en cambio, siempre viendo el lado positivo, me dice con una sonrisa mientras salimos de alguna fiesta o picnic, señalando con la mano a los veinte-y-pico invitados:

"¡Ah, me gusta Suecia! Así podemos despedirnos de todos en dos segundos y ¡hasta alcanzamos el bús!"
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jueves, 19 de junio de 2008

Coincidencias futboleras


Fútbol, fútbol, fútbol... Si no es la Eurocopa son las clasificaciones para el Mundial. Suecia ayer perdió contra Rusia y ya no jugará más. Ecuador empató con Colombia en casa. No les va tan bien a mis selecciones preferidas. Pero hace ya más que un año, hubo un acontecimiento especial. Al Estadio Olímplico Atahualpas, donde iban a jugar las selecciones de Ecuador y Suecia, se fueron tres chicas: una Chaulafanita, una futura Au Pair y una garza humana. Las tres eran muy diferentes, no se conocían entre sí, pero tenían en común un amor suficientemente fuerte para traspasar el atlántico... Ellas dos estaban con Ecuador. Yo estaba con Suecia. Ahora, más que un año después, nos hemos conocido por este espacio virtual. Son coincidencias de la vida...

¿Y cómo terminó el partido? 1-1. Tal vez fue el mejor resultado...

miércoles, 21 de mayo de 2008

Llegar a Ecuador

No fue mi primer viaje, pero sí fue la primera vez que fui a Latinoamérica. Hasta ese momento no había salido de Europa (salvo una semana en Maruecos) y nunca había planeado por una estadía tan larga fuera de mi país. Además de ser el viaje más largo de mi vida hasta entonces, era la primera vez que viajaba sóla, sin la companía de familiares o amigos. Viajé sin ticket de vuelta y sin saber cuánto tiempo me iría a quedar. En el aeropuerto me despedían mi papá, sacando fotos con la cámara, mi mamá con la tristeza escondida bajo una sonrisa y muchos abrazos, mi hermano mayor con su "cuídate mucho hermanita", y mi querida hermana, la que ha compartido tantas cosas conmigo... que en el momento de despedirse se puso a llorar... y yo lloré con ella...

Era finales de septiembre del 2006. Él y yo llevábamos en ese entonces un poco más de un año juntos como novios, y él vivía conmigo (en la casa de mis papás) desde hace seis meses. Pero le tocó salir de Suecia y regresar a Ecuador ese verano, dos meses antes que yo viajaba. Esos dos meses fueron muy largos, nos llamábamos, nos escribíamos, pero era difícil. Por suerte yo trabajaba mucho y así no tenía tiempo para sentirme triste. Así que ese día en el aeropuerto fue triste, fue de despedida, pero también viajé con muchas ilusiónes, con ganas de verle, besarle de nuevo, ganas de conocer a su familia y su país.

Fueron largas las horas en el avión, debo decir los aviones porque hice escala en Nueva York y en Houston. En Newark (el aeropuerto de NY), se me pasó el tiempo en tramites, sacar y otra vez checkear el equipaje, todas las cosas de seguridad... En Houston creo que el sol estaba pegando fuerte, pero yo estaba atrás los vidrios... Ya era noche para mi (mi cuerpo estaba acostumbrada a la hora sueca), pero no tenía sueño. Empecé a sentirme un poco nerviosa, porque ya faltaba poco, me sentía rara. Era raro viajar sóla, pero no me dio miedo, me gustó. Fue bueno tener ese tiempo sóla, ese espacio para dejar Suecia atrás y concentrarme en Ecuador, en él. Una cosa que me llamó la atención era que en Houston todos los rótulos estaban en inglés y en español. El personal hablaba los dos idiomas.

Después faltaba sólo la última etapa, Houston-Quito. En el avión había poca gente, tuve tres asientos para mi sóla, traté de acostarme pero no había mucha comodidad. El cabinero era muy atento de la manera estadounidense, muy correcto, me decía "miss", cosa que me gustó más que la "ma'am" que había recibido en otro momento del día. Anocheció. Veía las luces de la cuidad, eso era Quito.

Por las luces se podía aprecias las siluetas de las montañas... Nos acercábamos... Parecía que íbamos a aterrizar encima de las casas, podía ver ya los techos, los perros, las calles, gente... Era Ecuador, su Quito, mi Quito.

En el control de la policía no hubo problemas. Había estado nerviosa antes, pero fue como todos me habían dicho y no me hicieron problemas. Me pidieron un ticket para darme mis maletas, ni siquiera había entendido para qué era ese ticket cuando me lo dieron (en los aeoropuertos donde había estado antes todos habían cogido sus maletas sólos). Por suerte no lo había botado y me dieron mis maletas. Salí, y por fin le vi. Me pareció tan familiar y tan extraño al mismo tiempo, conocido pero diferente. Sentí una alegría que no había esperado. Dejé las maletas botadas en el piso y corrí a abrazarle... Sólo después de eso me fijé en su familia que estaba a su lado... Nos fuimos en taxi, nos cobraron un precio que me pareció muy barato, después entendí que había estado un poco caro...

Su mamá me sirvió sopa de cabello de ángel, y a pesar de que tenía hambre (no había comido casi nada en el viaje), no pude comer mucho. No sé porque, la sopa estaba rica, tal vez por la emoción y el cansacio...

Desde esa primera noche me enamoré de Ecuador. Durante nuestros siete meses allí siempre me sentí en casa y a pesar de que le extrañaba mucho a mi familia, y a veces a Suecia, nunca me arrepentí de haber ido a Ecuador. No sentí, como en otro viaje largo que hice antes, que mi vida la había dejado en Suecia, porque esta vez, en Ecuador, no estaba sóla, estaba con él. Conocí a su familia, que ahora le considero mi familia, a su país, y le conocí mejor a él, y a mi misma.

(Esta fue mi historia, bueno, una parte pequeña de mi historia... Hay y habrá mucho más... Más despedidas, más reencuentros. Gracias Chaulafanita y Au Pair por la inspiración y por contar sus historias...)

sábado, 3 de mayo de 2008

Cosas raras de Ecuador

Inspirada por la lista de Ximena (y por otras personas) voy a hacer una propia. No se ofendan. Sólo lo hago para mostrar que todo depende del punto de vista que tienes. En este caso el sueco... Es una lista ficticia que hubiese podido mandar a Suecia cuando acababa de llegar a Ecuador, contando sobre los choques iniciales con la cultura ecuatoriana. Sin embargo, quiero aclarar que la lista nunca la hice ni la mandé. Quiero a Ecuador como a mi propio país, sólo que al principio hay cositas que te llaman la atención. Ahí va:

12 cosas raras de Ecuador:

1) No se quitan los zapatos en la casa
Sí señores, es verdad. Todos andan con los zapatos sucios en casa. Pero no se asusten. Obviamente, eso sería imposibe en Suecia, ya que el piso se ensuciaría total con el clima que tenemos. Pero en Ecuador el clima es diferente y los pisos también. No son de madera y por lo general no tienen alfombras como en Suecia (tampoco tienen umbrales, ¿lo pueden creer?), así que andar con o sin zapatos casi da lo mismo. Y claro, te salvas del mal olor...

2) Para almuerzo comen tres platos
Un almuerzo típico de Ecuador: 1. Un buen plato de sopa. 2. Un tipo de platazo/bandeja con una montaña de arroz, más pescado o carne. Ensalada si tienes suerte. 3. Un postre, tal vez heladito o una ensalada de fruta. Todo acompañado por un jugo. Es tanta comida que con la sopa no más me lleno.

3) Desayuno: arroz con pescado
En Suecia desayunamos tal vez avena, o sanduches con te, café, leche con cereales, algo así. Pero en la costa ecuatoriana, hay otra posibilidad y es comer... ¡arroz con pescado! La comida es riquísima y me encanta, ¿pero para desayuno? No...

4) Desprecian lo más rico que tienen
Aquí en Ecuador hay fruta para morirse. Hay tanta variedad, algunas que ni siquiera conocía antes de venirme, y son tan ricas. Encima más es barato. Pero aquí parece que no les gusta mucho, o tal vez lo toman por descontado. En Suecia con gusto brindáramos esta fruta a los invitados, aquí me parece que sólo me quieren brindar carne. Y yo que soy vegetariana...

5) Se asustan o se emocionan cuando ven "gringos"
Parece que aquí soy un tipo de extraterrestre. La gente me queda mirando de reojo. Los niños son más directos. Hoy por la tarde le oí a una niña diciéndole a su mamá: "¡Mira, mamí, mira, esa gringa grandota, mira!". La mamá, avergonzada, se apuró a irse llevándole a su hija.

6) Cada dormitorio tiene un televisor
No tienen el televisor en la sala (como en Suecia) sino uno en cada dormitorio. No entiendo cómo no les parece incómodo tener que sentarse en la cama para ver la tele. Tampoco entiendo la necesidad de tener tre o cuatro televisores.

7) No tienen libros
La única persona que tiene una cantidad más o menos de libros que he conocido hasta ahora es un tío de mi novio, y él es medio catedrático. He visto apenas dos librerías en Quito (y eran pequeñas y caras) y apenas una biblioteca donde además ¡era prohibido entrar si no eras estudiante! ¡Y no podías pedir prestados los libros y llevártelos a la casa! Para mi es normal leer siquiera tres o cuatro libros al mes (como cualquier sueco, ¿no?), pero creo que aquí no le gusta leer a la gente. ¿Tendrá que ver con el punto 4?

8) Se dejan los perros afuera
No ven a los perros como parte de la familia, se les tiene más para cuidar la casa. Los perros, que biolócgicamente son hechos para estar en grupo, se deben sentir muy sólos. De todas formas ladran mucho y no me dejan dormir. Además hay gallos en pleno centro, tampoco me dejan dormir.

9) Manejan como locos
Ustedes saben como es en Suecia: Uno apenas se acerca a una cebra y los carros se paran para dejarte pasar. ¿Aquí? ¡Olvídate! Te pasan pisando y además te insultan por haberles manchado el carro... Se creen dueños de las carreteras y cuando tienen que parar (por congestión o algo así, no por los peatones), paran en plena cebra. "¿Entonces, cómo se cruza la calle?" han de preguntarse. Es obvio: ¡corriendo!

10) Deben todos ser sordos
Ustedes saben que a mí me encanta la música latinoamericana, me gusta bailar y todo. Pero no logro entender cómo aguantan el volumen en las fiestas. Debería estar sorda la entera población latinoamericana con ese volumazo. Pobres vecinos.

11) Se encierran
Todas las casas están encerradas con muros y muchas veces tienen hasta tres puertas, de las cuales dos son de puro fierro, que debes pasar para entrar a la casa. Qué diferencia a la casa de mis papás en Suecia, no tenemos ni una estacada.

12) Y terminamos con algo que me gusta...
Una cosa que me encanta son las pequeñas panaderías y fruterías que hay por todas partes, eso no se ve en Suecia. Imagínense salir en la mañana a comprar el pan fresquito y calientito para el desayuno. Y al regreso pasas la frutería de la esquina y compras lo que quieras de frutas exóticas que en Suecia ni siquiera se conoce. Sólo que ahora me da vergüenza ir a la panadería ya que ayer me eqivoqué al pedir una palanqueta y le pedí una palanca a la chica... Me miró con una cara de asombro total. Mi novio se reía sin poder parar.

(Otro día me toca escribir de las peculiaridades de Suecia...)

OJO. Ya que me han llegado algunos comentarios negativos acerca de este post quiero añadir algo: Este post fue escrito como un intento de dar una idea de cómo un sueco podría percibir a Ecuador. Los ejemplos que doy en la lista muchas veces son exagerados y no necesariamente son verdades. Ustedes lo saben y yo lo sé. Quería dar la ilusión de un sueco escribiendo a otros suecos.
Pienso que de alguna manera refleja algunos puntos en los cuales Ecuador y Suecia se distinguen. Con eso no quiero decir que la manera sueca de hacer las cosas sea mejor. El tono un poco polémico de la lista se debe a que supuestamente es un sueco que escribe a otros suecos. La idea fue hacer una lista que revela tanto, o más, sobre Suecia y los suecos, que sobre los ecuatorianos.

sábado, 15 de marzo de 2008

Vacaciones y estudios

Semana santa, vacaciones... Mañana iremos a Gotland, una isla (la más grande de Suecia) en el mar Báltico. Allí mis papás tienen una casa del campo, allí encuentro paz y tranquilidad. Aúnque este año es full estudio que me espera, metida como estoy en la producción de lo que se llama “tesina”... o sea, una mini-tesis. Mi campo es el de la traductología, más específico estoy analizando la traducción al sueco de la novela ecuatoriana “Huasipungo” escrita por Jorge Icaza. A parte de mi computadora llevaré como diez kilos de libros...

En estas fechas el año pasado mi novio y yo estabamos en Ecuador con su familia, comiendo la fanesca con molo y dulce de higo, (¡qué rico!) y planeando nuestro viaje a las islas Galápagos. Las cinco semanas que pasamos en “las islas encantadas” fueron unas de las más lindas que he pasado en mi vida. Son mi remedio cuando el invierno sueco se vuelve demasiado deprimente... :) Este año, en cambio, pasaré en otra isla encantada, aúnque muy diferente. Vean si quieren:

Fotos de Gotland.