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miércoles, 22 de septiembre de 2010

Elecciones

El domingo se realizaron las elecciones aquí en Suecia. Elegimos nuestros representantes para el parlamento, los consejos provinciales y los consejos municipales. Lastimosamente, dos de cosas pasaron: la derecha liderada por el primer ministro Fredrik Reinfeldt fue reeligida, y además el partido ultra-derecha y racista Sverigedemokraterna entró por primera vez al parlamento sueco.

Por el momento no sabemos cuánta influencia tendrá este partido sobre las decisiones políticas; ninguno de los otros partido se declara dispuesto a negociar con ellos. Sin embargo, el hecho de que esta gente entró significa que ya tiene un foro para hablar de su política. También significa que tiene derecho al apoyo económico que se da a todos los partidos representados en el parlamento, lo cual seguramente será utilizado para fortalezer su organización.

Las últimas semanas he estado ocupada haciendo campaña aquí en mi comuna para mi partido, el partido socialdemócrata. Aquí la derecha gobierna desde hace 30 años y lamentablemente, sigue gobernando también después de estas elecciones. La verdad es que eso no fue tan sorprendente, pero sí estaba esperanzada de que tal vez íbamos a ganar al nivel nacional.

miércoles, 6 de mayo de 2009

Cuando no sabemos qué decir

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Leí una entrevista con una señora cuyo hijo había muerto en un accidente. Creo que es imposible imaginarse el dolor infinito que causa la muerte de un hijo. La señora del artículo dijo muchas cosas que me hicieron reflexionar. Cuenta que no sabe cómo contestar cuando alguien le pregunta "¿cuántos hijos tienes?"... Dice, "Sigo siendo su madre, aun que está muerto. Pero no quiero contar cada vez que alguien me pregunte cuántos hijos tengo, que uno de ellos se ha muerto."

También cuenta que una de las cosas que más detesta es cuando la gente al enterarse de que su hijo está muerto, dice "si un hijo mío se muriera, no lo soportaría". Dice: "¿Qué pretenden decir con eso? ¿Que porque yo estoy viva aún, no le amé lo suficiente a mi hijo, que amé, y amo, menos que ellos? ¿Que yo, si fuera buena madre, no debí sobrevivir a eso?" A veces herimos con nuestras palabras sin querer, porque no sabemos qué decir, porque nos sentimos mal, porque nos da miedo, porque inmediatamente nos pasa por la cabeza: "¿Qué si me pasara a mi?"

Yo tenía una amiga que se murió, hace un poquito más que un año, era jóven, valiente, optimista a pesar de todo. No sé si debo o no escribir sobre ella aquí, siento como si fuera utilizar esa tragedia para no sé, sacar algún punto... Pero lo que quería decir es que una de las cosas que se me hicieron muy difíciles era cuando por coincidencia le vi a su mamá unas semanas después del funeral. ¿Qué se dice a una madre que acaba de perder a su hija de 24 años? Obviamente, no hay nada que se pueda decir que sea de algún consuelo. Por eso es más fácil alejarse, esconderse, fingir que no le ves cuando pasa por la calle. Yo me dije: "no seas cobarde", y le saludé. Después ya no sabía qué más decir, porque lo normal "¿Todo bien?", hubiese sido una grosería.

Mi amiga estuvo enferma algún tiempo, pero hubo ratos cuando estaba bien y pensamos que ya pasó, ya está bien. Hasta que llegó el día cuando supe que estaba mal otra vez. No tenía el valor de llamarle, pensaba hacerlo, pero no lo hacía, hasta que un día poco después me llegó un mensaje de ella, decía: "no sé que pasa, no sé por qué se callan". Parece que de nosotras, sus mejores amigas, sólo una se había atrevido a llamarla. Porque no sabíamos "qué decir". Le llamé, ella no estaba enojada, sólo triste. Fui sincera, dije que me sentía insegura. Prometí no volver a callarme así. Sin duda ella era la más valiente de nosotras.

Cuando algo terrible le pasa a alguien en nuestro alrededor, muchas veces no sabemos qué decir. Pero es que ellos entienden eso. No exigen que solucionemos su dolor. Muchas veces basta con estar allí, con no alejarse.


(Discúlpen el post triste, escribiré algo más alegre pronto...)
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lunes, 2 de febrero de 2009

Mammut

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Una jóven pareja newyorquina, su hija y una mujer filipina que ha dejado a sus dos hijos para trabajar como niñera en un país extraño son los personajes principales de la película Mammut(Mammoth en inglés).

La película es un poco lenta, pero muy buena, y no fui yo el único en llorar ayer en el cine. Cuenta cosas que no quisieramos saber. Me sorprendió que los que mejor actuaron no fueron Gael García Bernal y Michelle Williams, sino los niños, tanto la niña americana como los dos niños filipinos. La actora Marife Necesito también impresionó como la niñera Gloria.

El director de la película se llama Lukas Moodysson, y ha hecho también las películas Fucking Åmål (en inglés: Show me love), de la vida de dos chicas lesbianas en una pequeña ciudad del norte de Suecia, Tillsammans (Togehter), comedia sobre un colectivo izquierdista durante los años 70, y el drama Lilja 4-ever de una jóven de la ex-unión sovietica que es abandonada por su mamá y luego llevada a Suecia por su "novio" y forzada a prostituirse (la película es basada en la vida de Dangoule Rasalaite).

Mammut me parece una película muy relevante hoy en día cuando muchos padres se ven obligados a dejar a sus países y familias para buscar un mejor futuro para sí mismos y para sus hijos.
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lunes, 17 de noviembre de 2008

Viendo pasar los días

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Hace tres meses se murió mi abuelita. Fue una muerte inesperada, porque a pesar de que tenía 85 años, estaba bien de salud y nadie se imaginaba que pasaría tan pronto. Murió una noche de agosto, y el día anterior había recibido la bonita noticia de que había nacido su duodécimo bisnieto... O sea, fue una muerte en plena vida. Y a pesar de que fue un golpe duro para todos nosotros, pienso que por partes es mejor irse así, todavía en medio de todo, muy viva, con planes y actividades. Creo que en el momento no tuvo miedo, ni entendió que se iba a morir.
Mi abuelita deja a una gran familia: dos hermanos, ocho hijos (entre ellos mi papá), veintidos nietos y doce bisnietos. Más, por supuesto, todos los esposos de mis tios/as y primos/as, que le querían mucho, al igual que todos los amigos y amigas de mi abuelita.

Al escribir esto se me hace un nudo en la garganta, tengo ganas de llorar. Le extraño más de lo que pensaba que le iba a extrañar, es imposible imaginarse el vacío que deja una persona querida. Saber que nunca más oiré su voz, nunca más le abrazaré... Es a veces difícil acostumbrarse.

La noche que murió mi abuelita le vi a mi papá llorar por primera vez en mi vida. Me sentí tan impotente ante esas lágrimas, tan inútil. Porque el perder la máma de uno es algo tan triste, tan triste... Y no le pude ayudar.

Con la muerte de mi abuelita también se acaba una época en mi vida y en la vida de mi familia. Ella era la última de mis abuelitos, ya no tengo familia de esa generación. Para mi familia de parte de mi papá, ella siempre ha sido el centro de todo, era en su casa que nos reuníamos cada navidad, fue a ella a quien le llamábamos al saber alguna noticia, triste o alegre. Deja un vacío imposible de llenar y me pregunto, ¿qué será ahora?

Abuelita, te extraño.
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miércoles, 21 de mayo de 2008

Llegar a Ecuador

No fue mi primer viaje, pero sí fue la primera vez que fui a Latinoamérica. Hasta ese momento no había salido de Europa (salvo una semana en Maruecos) y nunca había planeado por una estadía tan larga fuera de mi país. Además de ser el viaje más largo de mi vida hasta entonces, era la primera vez que viajaba sóla, sin la companía de familiares o amigos. Viajé sin ticket de vuelta y sin saber cuánto tiempo me iría a quedar. En el aeropuerto me despedían mi papá, sacando fotos con la cámara, mi mamá con la tristeza escondida bajo una sonrisa y muchos abrazos, mi hermano mayor con su "cuídate mucho hermanita", y mi querida hermana, la que ha compartido tantas cosas conmigo... que en el momento de despedirse se puso a llorar... y yo lloré con ella...

Era finales de septiembre del 2006. Él y yo llevábamos en ese entonces un poco más de un año juntos como novios, y él vivía conmigo (en la casa de mis papás) desde hace seis meses. Pero le tocó salir de Suecia y regresar a Ecuador ese verano, dos meses antes que yo viajaba. Esos dos meses fueron muy largos, nos llamábamos, nos escribíamos, pero era difícil. Por suerte yo trabajaba mucho y así no tenía tiempo para sentirme triste. Así que ese día en el aeropuerto fue triste, fue de despedida, pero también viajé con muchas ilusiónes, con ganas de verle, besarle de nuevo, ganas de conocer a su familia y su país.

Fueron largas las horas en el avión, debo decir los aviones porque hice escala en Nueva York y en Houston. En Newark (el aeropuerto de NY), se me pasó el tiempo en tramites, sacar y otra vez checkear el equipaje, todas las cosas de seguridad... En Houston creo que el sol estaba pegando fuerte, pero yo estaba atrás los vidrios... Ya era noche para mi (mi cuerpo estaba acostumbrada a la hora sueca), pero no tenía sueño. Empecé a sentirme un poco nerviosa, porque ya faltaba poco, me sentía rara. Era raro viajar sóla, pero no me dio miedo, me gustó. Fue bueno tener ese tiempo sóla, ese espacio para dejar Suecia atrás y concentrarme en Ecuador, en él. Una cosa que me llamó la atención era que en Houston todos los rótulos estaban en inglés y en español. El personal hablaba los dos idiomas.

Después faltaba sólo la última etapa, Houston-Quito. En el avión había poca gente, tuve tres asientos para mi sóla, traté de acostarme pero no había mucha comodidad. El cabinero era muy atento de la manera estadounidense, muy correcto, me decía "miss", cosa que me gustó más que la "ma'am" que había recibido en otro momento del día. Anocheció. Veía las luces de la cuidad, eso era Quito.

Por las luces se podía aprecias las siluetas de las montañas... Nos acercábamos... Parecía que íbamos a aterrizar encima de las casas, podía ver ya los techos, los perros, las calles, gente... Era Ecuador, su Quito, mi Quito.

En el control de la policía no hubo problemas. Había estado nerviosa antes, pero fue como todos me habían dicho y no me hicieron problemas. Me pidieron un ticket para darme mis maletas, ni siquiera había entendido para qué era ese ticket cuando me lo dieron (en los aeoropuertos donde había estado antes todos habían cogido sus maletas sólos). Por suerte no lo había botado y me dieron mis maletas. Salí, y por fin le vi. Me pareció tan familiar y tan extraño al mismo tiempo, conocido pero diferente. Sentí una alegría que no había esperado. Dejé las maletas botadas en el piso y corrí a abrazarle... Sólo después de eso me fijé en su familia que estaba a su lado... Nos fuimos en taxi, nos cobraron un precio que me pareció muy barato, después entendí que había estado un poco caro...

Su mamá me sirvió sopa de cabello de ángel, y a pesar de que tenía hambre (no había comido casi nada en el viaje), no pude comer mucho. No sé porque, la sopa estaba rica, tal vez por la emoción y el cansacio...

Desde esa primera noche me enamoré de Ecuador. Durante nuestros siete meses allí siempre me sentí en casa y a pesar de que le extrañaba mucho a mi familia, y a veces a Suecia, nunca me arrepentí de haber ido a Ecuador. No sentí, como en otro viaje largo que hice antes, que mi vida la había dejado en Suecia, porque esta vez, en Ecuador, no estaba sóla, estaba con él. Conocí a su familia, que ahora le considero mi familia, a su país, y le conocí mejor a él, y a mi misma.

(Esta fue mi historia, bueno, una parte pequeña de mi historia... Hay y habrá mucho más... Más despedidas, más reencuentros. Gracias Chaulafanita y Au Pair por la inspiración y por contar sus historias...)