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lunes, 13 de septiembre de 2010

La mano, la costumbre y la naturaleza

Algo que parece "venir incluído" cuando te vuelves padre, son los consejos. Pedidos, no pedidos, útiles, mal intencionados, contradictorios, indispensables... Te llegan de todo. Para mi, muchas veces han sido consejos que me sirven. Otras veces simplemente no comparto las idéas de la persona que me aconseja o no me gustan los consejos, pero lo que más me molesta es cuando esa persona me ve con una cara de superioridad, como si estuviera diciendo (o incluso me dice): "aunque no me creas ahora, luego me darás la razón porque tengo cuatro hijos y sé de esto". Como si todos los niños (y padres) fueran iguales. Como si sólo hubiera una manera de cuidar y educar a un niño.

Una de las ideas que no comparto es ésa de que a un niño "no es bueno que le acostumbres a la mano". Me dio chiste la primera vez que lo oí. Después entendí que eso era una expresión. Acostumbrarle a la mano.

Les voy a decir que pienso sobre eso: "acostumbrarle a la mano" está mal dicho. Es al revés. Los niños nacen queriendo estar con los grandes. Es un instinto inato en ellos, porque para un bebé no hay cosa más peligrosa que estar sólo. No dudo de que se puede desacostumbrarle de la mano a un niño; porque los niños lastimosamente al final se acostumbran a cualquier cosa. La pregunta es a qué costo.

Pocos animales nacen tan vulnerables como el ser humano. Somos frágiles y necesitamos la protección de otros. Pónganse a comparar con casi cualquier otro mamífero -el caballo, el perro, la vaca- sus crías caminan en cuestión de horas mientras el humano tarda al rededor de un año. El cerebro humano, de la misma manera, no está "completo" al nacer, pero esa falta tiene una gran ventaja: tenemos un cerebro muy flexible (o "plástico" como se dice con un término psicológico) y podemos llegar a aprender muchísimo más que cualquier otro animal. El cerebro, de esta manera, nos da la oportunidad de crecer, adaptarnos y funcionar en ambientes muy diferentes. La desventaja es, como ya mencioné, que al principio (y por mucho tiempo) somos muy dependientes de nuestros padres o quienes nos cuidan.

Por más que vivimos en una sociedad moderna con todas las comodidades que eso conlleva, la biología del ser humano no ha cambiado mucho desde que éramos nómadas y el mundo estaba lleno de animales predadores y otros peligros. El bebé que se quedaba tranquilito y sin chillar si los papás le dejaban sólo, corría gran riesgo de morir. La única manera de garantizar su sobrevivencia era estar siempre con los grandes. Y la única manera de conseguir eso para un bebé que no gatea ni camina es: llorar. Por lo tanto, la evolución ha premiado este tipo de comportamiento. Es algo que viene naturalmente.

La cosa es lo siguiente: el bebé recién nacido no sabe que cuando la mamá le deja en la cunita, está en un lugar muy seguro. Para el bebé el mundo está grande y lleno de peligros; un bebé de hoy, en ese sentido, no se diferencia de los bebés de los primeros humanos. Justamente por eso insisto en que no se trata de acostumbrarle a que esté con los grandes.

Si yo le dejo a mi niña llorando en la cuna, ella si sentirá abandonada. Todavía no puede consolarse ella sóla, para eso ella le necesita a una persona grande, a mí, a su papá o a los abuelitos. No le gusta estar sóla por más que ratitos, lo cual obviamente es poco práctico. Claro que fuera más cómodo si ella se quedara horas solita, contenta. Pero los bebés no son así, y no lloran porque "son malcriados" o porque los papás "mucho les han acostumbrado a la mano".

No me hago la santa, yo también me siento limitada y frustrada a veces por el hecho de que mi bebé quiere estar conmigo cuando quiero o necesito hacer otras cosas. Evidentemente, ella nos impide de hacer muchas cosas, tanto a mi como a su papá. A veces le tengo que dejar solita aunque ella no quiere, porque necesito cocinar, ducharme o hacer cualquier otra cosa. Pero la diferencia es que no le dejo sóla con la idea de que "es bueno" o que lo debo hacer para que no se haga malcriada. Y sí creo que es una diferencia importante.

miércoles, 18 de agosto de 2010

El metamorfosis

Sí. Ahora ya soy mamá. Hace dos meses y siete días nació nuestra preciosa, nuestra pollita, nuestra "garcita chiquitica" como le dijo su papá en uno de sus miles momentos de cariño absoluto.

Les he hecho esperar mucho, fieles seguidores de mi blog (si es que todavía tengo seguidores...), o como dice fernandoylet: he "hecho la cuarentena de rigor" (gracias por ese comentario que me hizo reír mucho). Es increíble como un ser tan chiquitico puede absorberte completamente tanto física como mentalmente.

Confieso que todavía no lo entiendo totalmente. Yo, ¿mamá? ¿Cómo puede ser posible? Sin embargo, cuando le veo a mi chiquitica me lleno de ternura, de orgullo, de asombro, de miedo ante la enorme responsabilidad. Haré todo lo posible, y obviamente habrán momentos cuando fallaré; es parte de ser padre o madre. Sólo el futuro dirá si acertaré lo suficiente.

Bueno. Basta con miedos y preocupaciones. Ahora disfrutamos el momento con nuestra pollita. En la quinta semana de su vida empezó a sonreírnos. Ahora ha descubierto sus manos. Es fuerte, trata de pararse y levanta la cabeza para ver mejor. Le gusta cuando le cambian de pañal y cuando hablen con ella.

Es mi bebé.

miércoles, 21 de abril de 2010

Lo que Díos quiera (por ser la primera vez... ¿o no?)

Extraño mi blog. Es difícil empezar a escribir después de una pausa, Berenice lo explica bien en su entrada. No sé por dónde empezar, me siento desconectada. Pero quiero agradecerles a todos por sus felicitaciones, cariños y buenos deseos después de mi última entrada. Realmente me conmueve el cariño que me han mostrado, tanto mis amigos (digo amigos aunque a la mayoría no les conozco en la vida real), como las personas amables que a pesar de que no les conozco se tomaron el tiempo y la molestia de dejarme un comentario. ¡Gracias!

Ahora me faltan siete semanas para ser mamá, bueno, según el pronóstico, luego no sé sabe cuando se le antoje salir al bebito...

Muchas personas me preguntan si será hombre o mujer. Antes solía decir "no sabemos" o "no quisimos saber", ahora he empezado a contestarles "será ett barn". Barn significa 'niño' en sueco, con la diferencia de que no tiene la acepción 'varón'. O sea, cuando el español tiene niño y niña, el sueco tiene pojke ('niño varón'), flicka ('niña') y barn ('niño de cualquier sexo'). El español literalmente divide el mundo en lo masculino y lo feminino. No se puede hablar de nada sin nombrarlo "el" o "la". En sueco, en cambio, sólo las personas tienen género, las cosas no, y no conjugas los adjetivos según el sexo. Eso hace que sea más fácil hablar de cualquier cosa sin poner ningún énfasis en el género. En sueco puedo hablar de una persona sin saber si es hombre o mujer, en español es prácticamente imposible.

Por eso, lo que quiero expresar con mi respuesta "será ett barn" se pierde si lo intento decir en español. Si contesto "será un niño" (que sería la única manera de traducirlo sin cambiar la frase), me sale una oración con otro significado. Salgo diciendo que mi hijo (¡o hija! ¡vean lo imposible que es hablar de esto en español!) será varón, cuando en realidad lo que quiero decir, y que en sueco sale más o menos claro con esas tres simples palabras, es: no sabemos que sexo tendrá nuestro/a bebé, pero para nosotros es más importante conocerle como el individuo que será, o es, que saber que tipo de órgano reproductivo tiene entre sus piernas. (Disculparán mi manera franca de expresarme).

Sé muy bien que mi hijo o hija, desde el primer segundo que nazca, tendrá que abordar y vivir con las expectativas, ideas, prejuicios y sueños de otros (incluído los míos y los de su papá). Si es hombre será tratado de una manera, si es mujer de otra. No lo puedo impedir, sólo hacer lo que más pueda para que este ser querido tenga la libertad de desarrollarse según sus propios valores, ideas y sueños y no según una pauta tradicional y anticuada.

Por eso, mi muy querido latino ahora anda cambiando su manera de referirse al bebé, un día dice "el bébe", otro "la bebé". Los días que dice "el bebé" es más fácil saber de quien habla, pero cuando le trata de niña puede ser confuso, puesto su manera sobrecariñosa de tratarme (y ahora que ando panzona me consiente más todavía). Le toca especificarse diciendo por ejemplo "¿y cómo está mi chiquita bebé (o sea, yo), y cómo está mi otra bebé, la más chiquitica?" (dirigiéndose a la barriga). Es una ternura total, como siempre.

lunes, 6 de julio de 2009

Notas al apuro

Parece que paso más ocupada en el verano que cuando estudio... Trabajé catorce días seguidos, 12 horas al día, y ahora que estoy libre me falta tiempo para hacer todo lo que pospuse entonces.

Ha hecho bastante calor, como 30 grados, y hemos nadado unas veces aquí en el lago, el mismo sobre cual patinamos hace algunos meses. Hasta fuimos a meternos a las once de la noche, el agua parecía más caliente que el aire.

Mañana me voy a Grecia. Como les conté (y sobre lo que prometo escribir más en otra ocasión) estoy involucrada en la política aquí en mi comuna, y por eso he sido invitada a atender a una conferencia en Thessaloniki para jovenes políticos de Europa. Ya veremos qué tal.

El martes cumplimos cuatro años juntos, mi querido latino y yo. Él me regaló un reloj bien bonito, me cogió de sorpresa porque no me lo esperaba. El sábado le invité a cenar en un restaurante de tapas aquicito que abrieron recién, pasamos chevere.

Hace un par de semanas saqué mi palito anticonceptivo (bueno, yo no, sino una enfermera especializada en salud reproductiva, ¿cómo se llama en español, comadrona, partera?), ya que ya había pasado los tres años que dura ese tipo de anticonceptivo, y hoy fui a la farmacia a comprar preservativos, por primera vez en mi vida. Y me dio vergüenza comprar. Y me da vergüenza descubrir que me da vergüenza. Resulta que no soy tan relajada en esos asuntos que yo pensaba, por más sueca que sea... Digamos que tampoco ayudó que la persona que me cobró era hombre. Pero por lo menos no se necesita pedir aquí, sólo coges lo que necesitas y vas a la caja. La próxima vez creo que le toca comprar al latino... ¡Al fin y al cabo él es quién se los va a poner ! :)

miércoles, 6 de mayo de 2009

Cuando no sabemos qué decir

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Leí una entrevista con una señora cuyo hijo había muerto en un accidente. Creo que es imposible imaginarse el dolor infinito que causa la muerte de un hijo. La señora del artículo dijo muchas cosas que me hicieron reflexionar. Cuenta que no sabe cómo contestar cuando alguien le pregunta "¿cuántos hijos tienes?"... Dice, "Sigo siendo su madre, aun que está muerto. Pero no quiero contar cada vez que alguien me pregunte cuántos hijos tengo, que uno de ellos se ha muerto."

También cuenta que una de las cosas que más detesta es cuando la gente al enterarse de que su hijo está muerto, dice "si un hijo mío se muriera, no lo soportaría". Dice: "¿Qué pretenden decir con eso? ¿Que porque yo estoy viva aún, no le amé lo suficiente a mi hijo, que amé, y amo, menos que ellos? ¿Que yo, si fuera buena madre, no debí sobrevivir a eso?" A veces herimos con nuestras palabras sin querer, porque no sabemos qué decir, porque nos sentimos mal, porque nos da miedo, porque inmediatamente nos pasa por la cabeza: "¿Qué si me pasara a mi?"

Yo tenía una amiga que se murió, hace un poquito más que un año, era jóven, valiente, optimista a pesar de todo. No sé si debo o no escribir sobre ella aquí, siento como si fuera utilizar esa tragedia para no sé, sacar algún punto... Pero lo que quería decir es que una de las cosas que se me hicieron muy difíciles era cuando por coincidencia le vi a su mamá unas semanas después del funeral. ¿Qué se dice a una madre que acaba de perder a su hija de 24 años? Obviamente, no hay nada que se pueda decir que sea de algún consuelo. Por eso es más fácil alejarse, esconderse, fingir que no le ves cuando pasa por la calle. Yo me dije: "no seas cobarde", y le saludé. Después ya no sabía qué más decir, porque lo normal "¿Todo bien?", hubiese sido una grosería.

Mi amiga estuvo enferma algún tiempo, pero hubo ratos cuando estaba bien y pensamos que ya pasó, ya está bien. Hasta que llegó el día cuando supe que estaba mal otra vez. No tenía el valor de llamarle, pensaba hacerlo, pero no lo hacía, hasta que un día poco después me llegó un mensaje de ella, decía: "no sé que pasa, no sé por qué se callan". Parece que de nosotras, sus mejores amigas, sólo una se había atrevido a llamarla. Porque no sabíamos "qué decir". Le llamé, ella no estaba enojada, sólo triste. Fui sincera, dije que me sentía insegura. Prometí no volver a callarme así. Sin duda ella era la más valiente de nosotras.

Cuando algo terrible le pasa a alguien en nuestro alrededor, muchas veces no sabemos qué decir. Pero es que ellos entienden eso. No exigen que solucionemos su dolor. Muchas veces basta con estar allí, con no alejarse.


(Discúlpen el post triste, escribiré algo más alegre pronto...)
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jueves, 12 de marzo de 2009

Simplemente no me cae

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Busco en google "el Papa condena". 134 000 respuestas.

Busco "el Papa bendice". 2880 respuestas.

¿Quién se cree ese hombre? Ah, cierto, se cree el representante de Diós en el mundo.

No dudo de que haya católicos inteligentes, compasivos, solidarios, justos. Sólo que no creo que los encontremos en el Vaticano.
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miércoles, 25 de febrero de 2009

¿Pegar o no pegar?

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Vino a visitarnos un amigo guayaco (realmente es amigo de mi novio, yo recién le conocí ese día), el chico buena gente, hace reír y todo. Le invitamos a tomar café y estábamos conversando, cuando de pronto surgió el tema de cómo se educa a los niños. Por lo general no me gusta hablar de ese tema con latinos porque solemos discrepar, y en tal caso siempre salgo indignada. Así mismo fue esta vez, ya que nos contó que le sabe castigar físicamente a su hija. Según él era "nada", sólo una palmada cuando la niña era muy malcriada o no le hacía caso al papá. Según mi, castigar a un niño físicamente, por más que sea una palmada, nunca puede ser "nada". Tuvimos una conversación, casi una discusión, por un largo rato, al final no quedamos de acuerdo... Pero creo que entendió mi punto de vista.

Sé que esto es un tema controversial, y que la mayoría de ustedes a lo mejor no están de acuerdo conmigo, por lo menos no del todo. Meterme a escribir sobre esto es meterme en discusiones otra vez, sin embargo lo hago (creo que soy medio masoquista), porque es un tema muy importante para mi, y más aun ahora que estudio psicología y entiendo cada vez más sobre como funcionamos los seres humanos.

Presiento que va a ser una entrada larga. Si les interesa, bien; si no, también está bien. No le obligo a nadie leer, pero si quieren comentar, por favor lee toda la entrada primero.

¿Por qué estoy en contra del castigo físico? Por muchos motivos, y voy a tratar de explicarlos ahora, hasta donde alcance mi español.

Lo que un niño aprende cuando le pegas es que el más fuerte tiene derecho a pegarle al más débil, no importa quien tenga la razón de los dos. Aprende que le desprecias como persona. Que no respetas su integridad.

Si el niño hace algo que no debe hacer y le castigas con una palmada, o grítandole, a lo mejor le impides de repetir ese comportamiento en ese instante, pero no aprende la verdadera razón por qué no debe hacerlo, y por lo tanto seguramente lo volverá a repetir cuando se haya olvidado o cuando tú no estés.

Muchos padres pegan a sus hijos pensando que así les pueden corregir un comportamiento no deseado, cuando en realidad el niño siente que le castigas no por un comportamiento, sino por ser quien es. Esto muchas veces tiene consecuencias catastrofales para la autoestima del niño. Se siente inútil, sin valor, que no merece ser amado.

Una cosa que se debe tener en cuenta es que los niños aprenden a comportarse imitando a los demás, incluso (y, tal vez, sobre todo) a sus padres. Si le gritas, te grita, si le pegas, te pegará – y si no lo hace es porque te tiene miedo. Pero es probable que si no adopta ese comportamiento contigo lo hará con otros niños, lo cual conllevará conflictos con los demás. Si tú mismo utilizas violencia en la interacción con tu hijo, ¿cómo puedes exigir que tu hijo no utilice violencia para conseguir lo que él quiere? Es sumamente ilógico. Tal vez dices, “es que yo soy mayor, yo sé más, necesito enseñarle”. Sí. Es verdad. Necesitas guiar a tu hijo, pero si le pegas no le ayudas a distinguir entre bueno y malo. Tal vez hará o no hará algo por miedo a ser castigado, pero no sabrá por qué. Y puesto que tú no siempre vas a estar con tu hijo (él crecerá y tú te morirás), es mejor ayudarle a desarrollar su propio criterio y conciencia en vez de simplemente imponerle una regla tuya. Seguir ciegamente una regla de otra persona podrá funccionar mientras la otra persona sea sábia y conciente. ¿Pero qué tal si tu hijo cae en manos de alguien que no lo es, alguien que no eres tú? La mejor manera de protegerle de eso es ayudarle a desarrollar una mentalidad independiente y crítica, y eso no lo haces obligándole a seguir tus reglas, que por más que sean lógicas para ti, para un niño muy bien pueden parecer totalmente arbitrarias si no las explicas.

Quiero destacar que el no castigar físicamente a tu hijo no significa dejar que haga lo que le dé la gana. Hay maneras mucho más eficaces –y agradables– de educar a un niño. A veces requieren de más paciencia y fantasía por parte del progenitor, pero a largo plazo es una estrategia mejor.

Muchos estudios psicológicos indican que si le educas a tu hijo con amor, respeto y fantasía, y sin castigo físico y palabras duras, le das las mejores condiciones para que pueda crecer a ser una persona segura, capaz y feliz, y estoy convencida de que esto es la mejor manera de preparar a un niño para la vida.
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domingo, 22 de febrero de 2009

Soldados de Salamina

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"–¿Hay alguíen por ahí?
El soldado le está mirando; Sánchez Mazas también, pero sus ojos deteriorados no entienden lo que ven: bajo el pelo empapado y la ancha frente y las cejas pobladas de gotas la mirada del soldado no expresa compasión ni odio, ni siquiera desdén, sino una especie de secreta o insondable alegría, algo que linda con la crueldad y se resiste a la razón pero tampoco es instinto, algo que vive en ella con la misma ciega obstinación con que la sangre persiste en sus conductos y la tierra en su órbita inamovible y todos los seres en su terca condición de seres, algo que elude a las palabras como el agua del arroyo elude a la piedra, porque las palabras sólo están hechas para decirse a sí mismas, para decir lo decible, es decir todo exepto lo que nos gobierna o hace vivir o concierne o somos o es este soldado anónimo y derrotado que ahora mira a ese hombre cuyo cuerpo casi se confunde con la tierra y el agua marrón de la hoya, y que grita con fuerza al aire sin dejar de mirarlo:
–¡Aquí no hay nadie!"

(De Soldados de Salamina escrito por Javier Cercas)
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lunes, 26 de enero de 2009

Cuando me sorprendo

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Tratando de arreglar mi cuarto y botando papeles que ya no me sirven, encuentro una monografía entre los papeles viejos de las clases de español en la Universidad. Se llama Reflexiones sobre la relación entre doxa, idioma y género. "Ah, un tema interesante, qué será esto?" digo y me pongo a leer (siempre me agarro a leer cosas en vez de arreglar, es una mala costumbre mía). El texto me parece algo conocido... Echo un ojo en la bibliografía, no conozco los autores que aparecen allí... Sigo leyendo. Y me doy cuenta de que soy YO quien ha escrito ese texto. Es una sensación rarísima volver a descubrir algo que uno ha escrito...

Les doy una prueba de lo que escribí:

Entender la relación entre predominio-poder (masculinidad) y sufrimiento-sumisión (feminidad) es la clave para entender la problemática de la violencia de género. Explica no sólo por qué los hombres pegan, sino también por qué las mujeres no se van. Pensar en los demás, ser considerado, atento, características constructivas y tradicionalmente femeninas, en combinación con la agresividad y el predominio de la masculinidad, se vuelven destructivas y literalmente mortíferas.

Interesante, ¿no?
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lunes, 12 de enero de 2009

Afirmaciones y dudas

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Creo en pensar lo mejor de mi prójimo... no por ellos, sino para tener paz yo misma.

Espero aprender a ser más optimista.

Quisiera llegar a tener siquiera la mitad de la paciencia que poseé mi mamá.

Tengo miedo y anhelo cuando pienso en tener hijos propios.

Pienso cada día que con él que estoy quiero estar, para siempre, y espero que siempre sentiré lo mismo.

Estoy esperanzada, y asustada, al saber que ya mismo empiezo a estudiar mi carrera.

Siento que cada viejita que entra a la librería es mi abuelita, y les quiero a toditas.

Me acuesto siempre demasiado tarde en las noches.

No soy tan atea como antes.

Sigo siendo creyente fanática del amor.

Empiezo a entender que tal vez es lo mismo...

Sigo teniendo frío.

Adoro los tres venados que suelen descansar fuera de mi cuarto en las mañanas.

Pienso que tal vez algún día me casaré.

Me asombra el hecho que mis hijos probablemente hablarán sueco y español desde niños... sin tener que estudiar duro, como hicimos él y yo.

Pienso que tengo suerte.
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martes, 6 de enero de 2009

Para Johan... mi profe preferido...

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Es un verdadero caballero, del tipo que te abre la puerta, que sabe tratar bien tanto a mujeres como a hombres, que se expresa con elegancia y que siempre lleva terno. Mide casi dos metros, fuma pipa y anda con el cabello medio despeinado. Procura aprenderse tu nombre - y los de tus cincuenta y más compañeros - y siempre saluda si se topan por los corredores de la Universidad.
Si le contestas una pregunta mal no soñaría con decírtelo, más bien dice algo como "podría ser así, pero esto me suena mejor..." Siempre está dispuesto a ayudar y atender a cualquier inquietud de sus estudiantes, sea hora de consulta o no, y no le gusta llegar tarde a una cita porque no quiere tenerle esperando a nadie.
Es medio olvidadizo pero muy cumplido y tiene una letra tan ilegible que ni siquiera él mismo logra decifrar lo que ha escrito. Habla un español adorable, muy peninsular tipo académico, pero asegura que tus expresiones ecuatorianas (o mexicanas, o madrileñas) son "encantadoras".
Parece a veces todo despistado, pero al final cierra cada una de sus clases con elegancia. A pesar de que es un hombre ocupado, se toma el tiempo de ayudarte y trata una tesina como que fuera una tesis de doctorado.
Es un académico en el buen sentido de la palabra, le fascinan los idiomas y la enseñanza. Es inteligente y además sábio (dos características que no siempre se ven juntas). Se interesa por tu tesina de corazón, la discute con bases y siempre logra encontrar el punto crucial.
Es, a pesar del puesto que ocupa en la Universidad, a pesar de los libros que ha publicado, a pesar de los países y personas que conoce, una persona humilde y sencilla.
Gracias a él (y a mis compañeras excelentes), el hacer mi tesina me resultó mucho más interesante, agradable y fructífero de lo que yo pensaba. Ojalá hubieran más catedráticos como él.
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lunes, 24 de noviembre de 2008

Hablando de culturas

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Uno puede echarle la culpa a la cultura y las costumbres, pero aquí tenemos la verdadera razón de por qué los suecos nos sacamos los zapatos al entrar a una casa (disculpen la foto mala pero creo que entienden a qué me voy):



Nieve + un montón de bolsas y cosas que tuvimos que llevar adentro + un poco de prisa = entrada sucia.

viernes, 29 de agosto de 2008

Me gusta...

b
...dormirme con el sonido de la lluvia pegando fuerte al tejado.

...la primera taza de café en la mañana.

...que mis brazos estén más fuertes después de un verano de trabajo físico en los barcos.

...tener mi cuarto ordenado (lastimosamente no ocurre tan a menudo).

...los veinte minutos en el bús que me permiten leer mi libro.

...haberme cortado el pelo, por fin.

...cuando los turistas me dicen que hablo bien el español.

...jugar con la hija de mi amiga.

...el chocolate.

...la igualdad.

...sacar el pan recién horneado del horno.

Y qué les gusta a ustedes?
Y qué les gusta a ustedes?