Tengo una semana para terminar mi tesina. El 7 de mayo mi tutor quiere la "versión final". Claro que igual habrá algunas pequeñas correcciones y la versión final final la tengo que entregar el 19 de mayo, pero no cambia el hecho de que: tengo una semana para acabar la tesina.
Durante esa semana también trabajaré tres días, saldré a manifestaciones (por el 1 de mayo) y mañana "¡vamos a quemar los bosques!", como dice mi querido latino. Porque mañana es la noche de Walpurgis, o 'Valborg' como decimos en sueco. Así que vamos a prender fuegos, asustar a las brujas y dar la bienvenida a la primavera.
Aunque hoy no parecía primavera sino verano. Estuve en el balcón una hora al mediodía y me quemé como boba. Parezco tomate. No pensaba que era tan fuerte el sol de abril. Me arde y me pica la piel. Mi novio aprovecha la ocasión para nombrarme... piel roja.
Así que por el momento paso media estrasada. No sé cómo lograré hacer todo, pero sí lo lograré. De experiencia sé que al final las cosas suelen arreglarse.
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martes, 29 de abril de 2008
miércoles, 23 de abril de 2008
Cómo llegué a tener otro nombre más
A la hora de dormir:
–¿Qué era eso en la ventana?
–Una araña no más.
–¿UNA ARAÑA? ¡No me digas!
–Sí te digo.
–Pero, ¡una araña!
–Ya hace tiempos que vive allí, tiene su casa y todo.
–¿Y cómo sabes?
–¡Ah! Ya conversé con la man, somos amigos.
–Pero no me gusta.
–Déjala no más, no te hace nada.
–¡Pero era grande!
–Chiquita es, qué va a ser grande.
–Uuuu...
–Ya, vente a dormir mi araña, no pasa nada.
martes, 18 de marzo de 2008
Hoy soy garza
Cuando estás con alguien de otro país y otra cultura vas a descubrir que sí hay algunas diferencias… No necesariamente son importantes. Por ejemplo me importa poco cómo él come su huevo duro en la mañana.
Huevo duro a lo ecuatoriano, con sal y pimienta...
Huevo duro a lo sueco, en una copita de huevo...
Más me importaba que él, al conocernos, era poco cumplido. Cuando él decía que me iba a llamar en cinco minutos, yo sí pensaba que cuando hubiera pasado cinco minutos mi teléfono empezaría a sonar. Muchas veces no lo hacía y me solía enojar con él. Teníamos problemas de este tipo, hasta tranquilamente sentarnos a hablar el uno con el otro: “Yo, de tí, espero que...” “No es porque no me importes, es porque estoy acostumbrado a...” etc, hasta llegar a compromisos y soluciones que podíamos aceptar los dos. Felizmente, él – al igual que yo – estábamos (y estamos) preparados a aprender las cosas buenas de la cultura ajena.
De la misma manera que hay diferencias que pueden causar problemas hay otras que me provocan ternura y alegría. Los suecos no somos acostumbrados a utilizar un montón de nombres de cariño (ni apodos). Si te llamas Saga, todo el mundo te dice Saga, y ya. No te dicen Saguita, chiquitica, amorcito, bonita... Pero, aún medido como latino, creo que mi novio es exepcional en su costumbre de inventarse nuevas maneras de mostrar su cariño. A diario se inventa nuevos nombres. Todos los animales con cuellos largos o patas largas, en especial las aves, son parecidos a mí (¿tendrá que ver con mi constitución flaca y alta...?), por lo tanto soy garcita, cisne, girafa... En Galápagos me convertí en pelícano. Después de un programa de deportes, en galguito (como les dije, soy flaca). Y hoy se estaba riendo solito, leyendo las noticias de elcomercio.com, después me vino a besar la frente, dicendo: “No eres la franja de Gaza, sino una ¡garza de franja!”.
Más me importaba que él, al conocernos, era poco cumplido. Cuando él decía que me iba a llamar en cinco minutos, yo sí pensaba que cuando hubiera pasado cinco minutos mi teléfono empezaría a sonar. Muchas veces no lo hacía y me solía enojar con él. Teníamos problemas de este tipo, hasta tranquilamente sentarnos a hablar el uno con el otro: “Yo, de tí, espero que...” “No es porque no me importes, es porque estoy acostumbrado a...” etc, hasta llegar a compromisos y soluciones que podíamos aceptar los dos. Felizmente, él – al igual que yo – estábamos (y estamos) preparados a aprender las cosas buenas de la cultura ajena.
De la misma manera que hay diferencias que pueden causar problemas hay otras que me provocan ternura y alegría. Los suecos no somos acostumbrados a utilizar un montón de nombres de cariño (ni apodos). Si te llamas Saga, todo el mundo te dice Saga, y ya. No te dicen Saguita, chiquitica, amorcito, bonita... Pero, aún medido como latino, creo que mi novio es exepcional en su costumbre de inventarse nuevas maneras de mostrar su cariño. A diario se inventa nuevos nombres. Todos los animales con cuellos largos o patas largas, en especial las aves, son parecidos a mí (¿tendrá que ver con mi constitución flaca y alta...?), por lo tanto soy garcita, cisne, girafa... En Galápagos me convertí en pelícano. Después de un programa de deportes, en galguito (como les dije, soy flaca). Y hoy se estaba riendo solito, leyendo las noticias de elcomercio.com, después me vino a besar la frente, dicendo: “No eres la franja de Gaza, sino una ¡garza de franja!”.
(Si por acaso piensan: “Qué tipo más malcriado, diciéndole galgo a su novia”, quédense tranquilos, todo lo que me dice es por cariño, y, además, ¡me encanta!)
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